jueves, 5 de mayo de 2016

Comportamientos de acoso que los policías municipales reciben con frecuencia

MobbingMadrid Comportamientos de  acoso que los policías municipales reciben con frecuencia

Comportamientos de  acoso que los policías municipales reciben con frecuencia

Dentro de las Administraciones Públicas existen diferentes tipos de acoso hacia el trabajador/a, y en función del ámbito al que se pertenezca, puede darse un caso u otro.
Pero al final el maltrato, la víctima, los daños, etc., lo padecen igualmente los propios afectados, familiares y amigos; y en otras ocasiones son los propios ciudadanos los que pierden la confianza con los poderes públicos debido a que no reciben un servicio de calidad.
En el caso de los policías locales, normalmente, el acoso suele venir de sus jefes funcionales  directos,  al que el político le delega dichas  competencias  administrativas   para crear proyectos y organizar al colectivo profesional  de la policía.
El propio alcalde de la corporación  municipal suele nombrar jefe de la policía (no siempre), sin que sea necesario cumplir todos los requisitos para ocupar   y   desempeñar   un   puesto   que,   además  de experiencia, requiere de otras dotes; y que lamentablemente en muchas ocasiones se echa en falta esas virtudes.
A partir de ese momento y a través de las competencias legislativas que le confiere la Ley, es nombrado jerárquicamente “el jefe”, y de él dependerá un colectivo que ocupa normalmente, bajo su potestad, la representación de profesionales más numerosa del municipio si lo comparamos con otros departamentos o puestos que ocupa el resto de empleados públicos.
Es decir, existe toda una responsabilidad funcional, que a veces son incapaces de poner en práctica su propia valía, de la que nunca antes habían tenido –existen, por supuesto, casos muy excepcionales donde el máximo jerárquico se convierte en un referente-.

Ser policía supone desempeñar unas funciones profesionales

Ser policía supone desempeñar una funciones profesionales, un ejercicio que requiere capacidad, experiencia, empatía, sentido común,… y por supuesto, humanidad. Si no se parte de   este   principio,   que   tan   carente   es   en nuestras sociedades, poco podemos hacer para seguir hablando. El humanismo no se aprende, ni se imita ni se ensaya, es una condición que forma parte de la comprensión del ser humano.
Pero el modelo tradicional de las policías sigue siendo, o al menos sigue mirando, a sus raíces de antaño. Mira todavía a un modelo castrense, represivo (aunque cada vez menos), y donde existe una perfecta manipulación para que la policía quede supeditada al poder político, sobre todo en los municipios.
El policía es persona, pero el carácter de autoridad le atribuye unas funciones que no ejercen cualquier otra persona, y es la condición de agente de la autoridad, es decir, estar  reconocidos por la ley para que en el ejercicio de sus funciones puedan privar a una persona de su libertad de forma ambulatoria, cuando existen premisas suficientes de puedan constituir un delito. Además, son los únicos funcionarios (personas) legitimados para utilizar la violencia en caso necesario. Dichas atribuciones son amparadas y dependerán en caso de reclamación, de  los  jueces,  fiscales  y tribunales.
Pero detrás de esta condición, de sus competencias, del trabajo que desempeñan, etc., no pueden huir de ser víctimas y/o mal tratadores de sus propios jefes, compañeros (y entre  otros,  familiares, ciudadanos,…).


Entonces, ¿qué se está haciendo mal?

Entonces, ¿qué se está haciendo mal? Quizás no se trata de hacer, sino de todo lo contrario, de no hacer lo que se debe hacer.
Por ejemplo, si un policía es un profesional que está cualificado para mediar un conflicto entre la comunidad, ¿por qué no hace lo mismo en su centro de trabajo?
Es aquí donde radica un conflicto de roles y estatus por parte de empleados públicos que ostentan una superior categoría, pero sobre todo, una dejadez de la Administración Pública sobre asuntos ligados a este tema que nos ocupa.
Los ciudadanos presentan sus problemas, sus  peticiones,  sus  tramitaciones,  etc.,  ante  la  Administración  Pública,  y  los  empleados públicos   son   los   que   en   virtud    de   las     leyes y competencias adjudicadas para cada puesto, le resolverá la tramitación.
Pues bien, ese acto administrativo desencadena detrás  una serie de parábolas  que    habría que analizar minuciosamente. En el caso de las policías, no tiene mucho sentido que un representante, llámese “el jefe”, intervenga en una disputa entre ciudadanos, y encima quiera darle soluciones,  cuando en realidad,  dentro de su  propio colectivo, tiene  hostigados  a  sus empleados, y otros.
Aunque también este tipo de perfiles está definido, el problema está cuando son los propios policías, los que no se identifican con las pautas que investigadores han definido sobre un hecho que cada vez recobra más sentido en la esfera de las  instituciones públicas.
Pero para no entrar en la definición de perfiles, veamos mejor algunos ejemplos claro sobre la situación en la que muchos policías han ido detectando que algo no iba bien.
El maltrato empieza tras un desacuerdo por parte de un policía con su superior, entonces éste abusa de ser la máxima autoridad y maneja a su antojo su parcela; o dicho de otra manera, domestica su rebaño en contra del policía desobediente.
En muchas ocasiones, esta desobediencia es fruto de cierta incapacidad por parte del mando jerárquico, y donde el subordinado tiene capacidades que están por encima de su superior.
Y es ahí donde se producen las primeras rencillas de lo que se podría llegar a convertir en un maltrato. Si los hechos descritos en esta área se repiten en el tiempo, entonces el empleado público empezará a ser víctima de un maltrato institucional; quien maltrata en este caso, es un poder facultado con todos los  poderes legislativos, y por lo tanto, es responsable de unos actos de los que depende sus capacidades, virtudes, conocimientos, experiencia, y sobre todo, del compromiso que implica ostentan dicho cargo público.
Pero mientras todas estas vejaciones, humillaciones, rumores, etc., se produce en tiempo, el empleado público no se reconoce así mismo. Es más, sigue creyendo que esto se debe a una subordinación jerárquica castrense y que su compromiso como policía es obedecer y no pensar; algo tan habitual en la Administración Pública, de ahí que se hable de la cultura de las organizaciones públicas:
La cultura suele ser menos explícita y rígida que las reglas y los procedimientos pero ejerce una gran influencia en la forma en que los integrantes de la organización abordan los problemas y atienden a los clientes-ciudadanos. En términos generales, la cultura organizativa determina cuál es el comportamiento adecuado para los empleados y qué asuntos deben ser prioritarios.
La cultura que impera en un entorno no se transforma con facilidad si está profundamente enraizada, y eso suele ser lo más normal en las organizaciones de gran tamaño.
Por ello, la transformación de las Administraciones debe estar basada en una transición de la cultura administrativa tradicional a una cultura administrativa centrada en las nuevas fórmulas de gestión.


El modo en que la organización se estructure y los criterios que se establezcan determinarán  el modelo de la propia organización, y por tanto, será una cualidad básica de su Cultura:
En cuanto a la coerción, teóricamente el incumplimiento de las obligaciones puede suponer represalias directas o indirectas dado que, por ejemplo, en las AAPP españolas sigue plenamente vigente el Real Decreto 33/1986 por el que se aprueba el Reglamento de Régimen disciplinario de las AAPP.               
En las organizaciones públicas españolas está pendiente de un desarrollo serio y coherente de manera que se relacione definitivamente con lo que el Estatuto Básico del Empleado pública denomina la “Evaluación del desempeño”.
Comportamientos de  acoso laboral que los policías municipales reciben con frecuencia
A continuación, se recogen algunos comportamientos, que los policías identificados  con el presente documento, han reconocido haber padecido en muchas ocasiones:

ü Permanecer todo el servicio o parte, en un punto fijo en concreto sin hacer nada, simplemente estar de pie a modo castigo encubierto.
ü Regular el tráfico bajo una nueva señal de tráfico a modo informativo.
ü Cambiarlo de destino como medida represiva por haberse negado a una orden ilegítima.
ü Suprimir sus vacaciones cuatro días antes de empezar a disfrutarla.
ü Enviar a otros compañeros al domicilio particular para notificarle la negación de un día de asuntos propios.
ü Denegarle reiteradamente los días de asuntos propios, incluso un mismo día hasta en dos ocasiones y concedérselo a otro.
ü Menospreciar a la posible víctima delante del resto de compañeros mediante apodos despectivos.
ü Rumorear al resto de compañero sobre mentiras para que éstos, se pongan en su contra.
ü Asignarle un servicio estático a pie en mitad de una calle, cuidando un árbol de navidad.
ü No respetar la conciliación familiar ni asuntos personales.
ü No preocuparse por los conflictos entre miembros de la plantilla; es más, es un disfrute ver cómo entre empleados públicos se enfrentan y se judicializa.
ü Encararse ante un subordinado y decirle que le pegue.
ü Amenazar consecutivamente con expedientes y recordar continuamente quien es el que manda.
ü Dividir a los empleados públicos (policías), estableciendo un criterio entre policías de primera categoría, segunda, tercera y el resto.


1 comentario:

Anónimo dijo...

SE DEBERÍA CREAR PROTOCOLOS DE ACTUACIÓN DESDE LA ADMINISTRACIÓN AUTONÓMICA PARA ERRADICAR ESTE TIPO DE SITUACIÓN EN TODAS LAS ADMINISTRACIONES (LOCALES, AUTONÓMICA Y ESTATAL), UN ENTE SUPERIOR AUTONÓMICO EN EL CASO DE LA POLICÍA LOCAL QUE ACTÚE Y QUE NO SÓLO COORDINE SINO QUE CONTROLE Y SANCIONE ESTE TIPO DE CONDUCTAS QUE SE ESTÁN DANDO, MÁS A MENUDO DE LO QUE CREEMOS, PONIENDO EN SERIO RIESGO EL TRABAJO PROFESIONAL DE LOS AGENTES DEL ORDEN.
El ACOSO es VIOLENCIA, como la de género, el bullying...; las distintas administraciones no saben estar a la altura de sus trabajadores, se retratan políticamente en los casos de violencia de género y casos de acoso en el mundo de las empresas privadas pero miran hacia otro lado en los casos de acoso escolar y acoso en el mundo de la administración pública, cuando deberían ser los PRIMEROS EN DAR EJEMPLO Y DEFENDER EL DERECHO DE SUS TRABAJADORES.
Nuestro país necesita una auténtica transformación en la materia y un cambio profundo en el mundo de la administración porque si se consiente este tipo de situación no se vela por el correcto ejercicio de los profesionales, los primeros afectados son los ciudadanos de a pie, cuya desconfianza en las instituciones se hace más palpable día tras día.

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