miércoles, 30 de octubre de 2013

Acoso laboral: Clima laboral mejorable en la administración española



Acoso laboral: Clima laboral mejorable en la administración española
En España  existen más  de dos millones de funcionarios dirigidos  por unos treinta mil altos cargos, que deciden sobre dos millones de expedientes anuales, lo que da lugar a tensiones o desencuentros, que provoca un  clima laboral mejorable en la administración española  

Visión de la Administración pública del funcionario y del cargo político

La especialidad de la relación entre funcionario y autoridad, que la distingue de la relación entre un jefe y un empleado de empresa privada,  deriva de su diferente posición y visión de la Administración pública, que por lo general podemos simplificar así:

el político tiene por metas fines políticos; el funcionario se ocupa del camino  y la gestión; el político debe su cargo al partido y el funcionario a un procedimiento selectivo bajo mérito y capacidad; el político estrena el cargo  con fecha de caducidad y el funcionario ocupa su puesto con estabilidad; el político desconoce la normativa pública y el funcionario conoce las consecuencias de incumplirla; el político considera el cargo como un escenario mediático para cosechar votos y el funcionario trabaja discretamente tras las bambalinas; el político novicio suele entrar como un caballo en una cacharrería y el funcionario novicio cree con fanatismo en la Administración transparente, imparcial y eficaz; el político veterano se ha convertido en zorro astuto y el funcionario veterano en tranquilo erizo.

Conductas  más comunes de los políticos poco eficientes que ejercen como directivos públicos

1. Aquí mando yo

Modo drástico de zanjar polémicas o de cortar por lo sano la sugerencia o criterio del funcionario. Subyace una concepción feudal de la Administración en que las cosas deben hacerse, quiérase o no, por el principio de autoridad.

 2. No sabe con quién habla ( o “ Se va a enterar de quién soy yo”)

El viejo resabio de recordar la autoridad, a veces se vuelve amenazador en tiempos de democracia, en boca del alto cargo. Tras esas palabras puede venir un via-crucis en la vida del funcionario: no se promocionará, no recibirá cursos de formación, se le negarán los permisos…etc. Al borde del mobbing.


3. Es una decisión política. Ya está decidido

Con eso se ataja el debate en términos jurídicos o de eficacia, y se pone punto final a las objeciones o sugerencias del funcionario que van en sentido contrario a la voluntad de la autoridad. Suele ir seguido de un “no hay más que hablar”.

4. No es personal, pero es lo que hay

 Una disculpa ritual, tras la negativa al funcionario que ve frustradas sus expectativas profesionales pese a ser razonables y justas.

 5. Lo siento, necesidades de servicio

El pretexto dorado para denegar un permiso o licencia. Una denegación  , que muchas veces no responde a necesidades del servicio sino al puro capricho de la autoridad.

 6. Para algo cobras

Encierra un reproche al funcionario para incitarle a hacer algo,  olvidando que también el político cobra de las arcas públicas. Y también olvidando que se cobra precisamente por hacer lo que procede en términos de gestión eficaz y legal. No se cobra por hacer tropelías.

 7. Siempre se hizo así y seguirá haciéndose

La resistencia al cambio de la autoridad. Se siente cómodo con procedimientos y trámites trillados, que le permiten mover los resortes e influencias, y no se atreve al cambio, especialmente si lo imponen nuevas normas que no  conoce, que no comprende y lo peor, que no quiere comprenderlas.

 8 .¡ Ni caso !.

Supone la réplica de la autoridad ante el informe del funcionario con la que se da carpetazo a un asunto en que existe un ciudadano reclamante, un informe jurídico molesto o una comunicación de otra Administración. Nadie nos detendrá. En esos casos, se demuestra un desprecio hacia el ciudadano o a la otra Administración y se opta por tirar para adelante. El problema vendrá dado cuando en el futuro alguien pregunte por la razón de no haber atendido o ignorado la cuestión en su día, momento en que posiblemente el dedo acusador del político apunte al inocente funcionario.

 9. ¡ Guárdelo en el cajón !

  Supone dar la instrucción para que un asunto (solicitud o recurso) quede sin respuesta, provocando la entrada en juego del silencio administrativo.

  En tal actitud del alto cargo, laten posibles suspicacias o frivolidades como las siguientes:

“ Si respondemos luego seremos prisioneros de lo dicho en un futuro proceso contencioso-administrativo”

“ Mejor que conceder lo solicitado o gastar es no responder y así ganamos tiempo y dinero”

“Más vale esperar no vaya a ser que sentemos un precedente”

  Si lo quiere, que recurra”

10. No estoy para oír sus problemas personales

Refleja la deshumanización cuando el funcionario que hace aflorar alguna situación personal. Una variante menos cruel pero dañina es cuando el funcionario le escucha:. ¿Cómo era tu puesto, cómo te llamabas?

 Pese a llevar largo tiempo despachando con el funcionario se ve incapaz de recordar su nombre o el del puesto que ocupa, pues la autoridad deja caer su mirada sobre los funcionarios como el general sobre la tropa: todos iguales y despersonalizados.

 11. Hay que ahorrar

Mandato genérico que deja al funcionario sumido en la perplejidad cuando ante la ausencia de toner para la impresora, insuficiencia de folios u otra carencia, ve como el alto cargo mira de reojo su coche oficial y llama al conductor por su móvil última generación pagado por fondos públicos.

12. No me importan sus oposiciones

Expresa el desprecio por la función pública cuando alguien intenta aclarar a la autoridad sus obligaciones como funcionario y lo que tuvo que superar o aprender para alcanzar tal condición, o sencillamente exponer la legitimidad del conocimiento que avala su criterio.

 13. Bien, tendré que pedir un informe externo para decidir en consecuencia

 Típica réplica para apartarse impunemente de un informe jurídico o técnico emitido por funcionario y poder encargar un dictamen de “complacencia” que le sirva de coartada al político para alcanzar una inconfesable finalidad. En su variante más perversa va seguido del comentario dirigido al funcionario: ” Cierre la puerta al salir”.

 14. Deje todo, lo quiero ya en mi despacho

   Lo que quiere ya el alto cargo puede ser, bien la presencia física del propio funcionario , o bien un informe o resultado de una labor que le ordena sea ejecutado perentoriamente.  A veces la situación recuerda la del tripulante que achica agua en el barco cuando se hunde, y escucha al capitán la orden fulminante de que le traiga su traje de gala.

    Este zafarrancho puede responder a varias razones:

Un político de superior o supremo rango, frente al alto cargo, le pide información sobre un asunto de su incumbencia.

La prensa se hace eco de un asunto y el alto cargo quiere estar al día.

Un correligionario político o amigo le pregunta por un asunto concreto y quiere activarlo.

La simple ocurrencia del político: acaba de recordarlo.

 No le falta razón al viejo dicho: “ Lo urgente mata a lo realmente importante”.

15. “ Tú, que vales tanto…”

Por un lado, puede tratarse de una frase cameladora. El beso de la muerte, pues suele ir seguida de una orden disfrazada de ruego, que comporta un trabajo extraordinario en dedicación, o ajeno al puesto de trabajo o complejo, o quién sabe.

En una segunda variante más cruel suele situarse en el siguiente discurso: ” Tú que vales tanto, no tienes por qué permanecer en este puesto toda tu vida, quizás es hora de que concurses o te traslades”.

 


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