viernes, 21 de diciembre de 2012

Condena por acoso sexual a un Comisario del CNP

Acoso sexual
No hace mucho tuve una conversación con una amiga en común de otra chica y esta me hizo referencia a que la tercera en cuestión estaba siendo objeto de acoso sexual por parte de cierto superior. Debemos necesariamente ponernos en antecedentes: hay cierto cuerpo en nuestro país de rancio abolengo, pues surgió ni más ni menos que de un admirado Duque, que se caracteriza, entre otras muchas y muy buenas cosas por tener árboles genealógicos que llegan hasta el mismísimo Duque; familias que presumen de haber sido hijos y nietos del Cuerpo y así sucesivamente. Evidentemente, esto genera unos lazos de lealtad a la institución que ninguna otra del país, salvo quizás el Ejército, puede establecer.
Ahora bien, resulta que desde hace unos cuantos años la mujer puede acceder en igualdad de condiciones al hombre a tan distinguido Cuerpo. Y es en este punto donde surgen los problemas que dan lugar a nuestra historia. Esta historia, como todas las relacionadas con un acoso, tiene más tintes de tragedia que de ópera bufa.

Los actores, como casi siempre, podrían ser señalados como los siguientes:
La acosada.
El oficial, aquí conocido como el Baboso.
Los compañeros que pasan de todo porque ya se sabe que la porquería salpica.
Los, escasos, compañeros que apoyan a la acosada y normalmente a escondidas, no sea cosa que los vean juntos.
Los “asuntos internos”, maestros en el arte del palote, que nunca hacen nada y mucho menos en tiempo. ¡Ah sí! Le abren un expediente disciplinario por desacato a la acosada.
Al borde de una baja laboral por depresión severa y sin nadie que, de verdad, le de una ayuda debe barajar sus opciones. Estudiemos el delito:
Art. 184 del Código penal:
1. El que solicitare favores de naturaleza sexual, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicioscontinuada o habitualy con tal comportamiento provocare a la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante, será castigado, como autor de acoso sexual, con la pena de prisión de tres a cinco meses o multa de seis a 10 meses.
2. Si el culpable de acoso sexual hubiera cometido el hecho prevaliéndose de una situación de superioridad laboral, docente o jerárquica, o con el anuncio expreso o tácito de causar a la víctima un mal relacionado con las legítimas expectativas que aquélla pueda tener en el ámbito de la indicada relación, la pena será de prisión de cinco a siete meses o multa de 10 a 14 meses.
3. Cuando la víctima sea especialmente vulnerable, por razón de su edad, enfermedad o situación, la pena será de prisión de cinco a siete meses o multa de 10 a 14 meses en los supuestos previstos en el apartado 1, y de prisión de seis meses a un año en los supuestos previstos en el apartado 2 de este artículo. 
Pues bien, como se puede observar, los requisitos exigidos por el Código penal 1) Solicitar favores de índole sexual (cualesquiera) + 2) Existencia de relación laboral, docente o la más genérica prestación de servicios + 3) Que la solicitud de favores sexuales sea continuada o habitual, en otras palabras no basta una sóla vez; continuada en otros delitos, como la violencia psíquica de género continuada jurisprudencialmente exige sólo 2 actos, + 4) Provocar en la víctima una situación objetiva y a la par subjetiva intimidatorio, hostil y humillante.
El apartado segundo agrava los hechos con una miserable a todas luces pena de prisión de hasta 7 meses, o multa ojo, cuando haya prevalencia o jerarquía. Vamos, que sale más caro en nuestro país el romper la ventanilla de un coche y llevarse el radio CD que el acoso sexual por el superior jerárquico continuado en el tiempo.
El apartado tercero prevé la misma miserable pena cuando el acoso se produzca hacia una persona especialmente vulnerable. Recordemos que cada vez más empresas tienen a disminuidos de cualquier tipo trabajando en las mismas, con lo que no es tan inimaginable el supuesto.
Cómo probar los hechos:
Como hay que contar, salvo excepcionalísimas circunstancias, con la ausencia de todo apoyo procedente del exterior, una opción que debe manejar el acosado, de cualquier tipo y aquí el sexual, es grabar con audio/vídeo al acosador, ser paciente y obtener pruebas del acoso.
Existen grabadoras muy apañadas de audio por 30 € y su uso es absolutamente legal. Recordemos que ya el Tribunal Constitucional, desde su sentencia 114/1984, de 29-XI, ha dicho expresamente que “no constituye contravención alguna del secreto de las comunicaciones, la conducta del interlocutor en la conversación que graba ésta”, doctrina seguida por el Tribunal Supremo de forma unánime.
Evidentemente pueden ser un apoyo, si bien no una prueba definitiva, los informes periciales de psicólogo o psiquiatra expresamente autorizado por su colegio profesional.
Aunque no es habitual, la testifical, si existe, es una prueba bien recibida.
Otros delitos concurrentes:
Actualmente la jurisprudencia es escasa, si bien, a priori, nada debería obstar a plantear añadidamente los delitos de lesiones dolosas o imprudentes (a mi humilde juicio dolosas, por dolo eventual, ya que el acosador se puede representar que su conducta puede ocasionar el derrumbe psíquico de la acosada, o el estrés, o la depresión, etc.), desde el momento en que el Código penal, en su art. 147 recoge expresamente la posibilidad de las lesiones somáticas e incluso el tipo penal del acoso laboral (173 Cp).
Caso práctico:
Aquí nos encontramos con una sentencia en la que se confirma la condena a un Comisario del Cuerpo Nacional de Policía por un delito de acoso sexual absolviéndole del acoso a otra Policía, imponiéndole 20.000 € de responsabilidad civil, con responsabilidad subsidiaria del Estado y pena de alejamiento respecto a la que sí obtuvo la condena.
Debemos destacar que en el caso de la absolución se hace porque tanto para el órgano de instancia como para el TS, que lo confirma, hubo prescripción del delito (la Policía tardó demasiado en denunciar los hechos).
Los hechos probados, respecto a la agente por la que se produce la condena son los siguientes:
“Entre Julio y Diciembre de 2005 la inspectora Paula trabajó en comisión de servicios en la UCCI, y, siguió haciéndolo tras prórroga de seis meses de dicha comisión de servicios, hasta el 31 de Marzo de 2006. El acusado y la inspectora Paula mantuvieron una relación profesional normal hasta que el 3 de Marzo de 2006 los dos bajaron desde la sede de la unidad policial a un bar cercano donde el acusado le manifestó que no estaba realizando bien su trabajo, al tiempo que le pidió que le invitase a cenar, a lo que Paula, sorprendida y desconcertada, pues nunca había recibido una queja por su trabajo, accedió. Durante la cena, que tuvo lugar en un restaurante de Madrid, el acusado siguió criticando a Paula por razones laborales, hasta que fueron a tomar una consumición a un local próximo, donde el acusado cambió radicalmente de actitud, y le dijo que en ese momento eran Lucas y Paula, y le dio un beso en la boca, contra la voluntad de éstaexponiéndole sus gustos sexuales, diciéndole que tenía que ser muy buena en la cama y haciéndole otros comentarios tendentes a establecer relaciones sexuales, lo que fue rechazado por Paula . Posteriormente el acusado llevó a Paula a su casa.- A partir de ese momento el acusado se mostró despótico y despreciativo con Paula descalificando su trabajo, pero al mismo tiempo, en dos ocasiones en el mismo mes de Marzo el acusado le invitó a cenar, a lo que Paula se negó, y posteriormente, el día 24 de ese mes, estando la inspectora Paula en servicio de tarde a solas en su despacho, se presentó allí el acusado, y, tras preguntarle si no llevaba nunca falda y halagar lo bien que le quedaban las gafas, le propuso que le acompañara a tomar algo a un bar y, más tarde, a cenar con él, insistiendo en tales propuestas a pesar de la negativa de la inspectora, y reaccionando de forma hostil a la negativa última de la misma a acompañar al acusado a una cena a solas con el mismo, ante lo que Paula accedió a tomar un refresco en un bar próximo, donde el acusado le cogió la mano, que fue retirada por Paula, ante lo que el acusado reaccionó de manera muy enfadada, diciéndole que ya no era nada para él y que habían acabado.- Esta situación produjo en Paula, que estaba sujeta a los poderes directivos y sancionadores del acusado y dependiendo su situación administrativa de las facultades de propuesta del mismo en orden a su nombramiento y cese, un estado de fuerte estrés, angustia, miedo y ansiedad, por las insinuaciones sexuales de que fue objeto y el posterior desprecio y hostilidad que recibía por parte del acusado, y no saber como salir de esta situación, llegando a padecer un trastorno adaptativo mixto (ansioso-depresivo) crónico, por el que recibió tratamiento psicológico que no ha sido concretado y durante un periodo de tiempo que no ha sido determinado, y sin que conste si estuvo impedida para sus ocupaciones, y en su caso, la duración del impedimento.- Ante la negativa de Paula a acceder a los deseos sexuales del acusado, el 31 de Marzo el acusado llamó por teléfono al jefe de servicio desde Turquía, a donde se había desplazado por motivos de trabajo, diciéndole que comunicara a Paula que había decido poner fin a la comisión, dejando de trabajar el mismo día 31, si bien la destitución se hizo oficial el 12 de Abril de 2006.”
Menudo pieza
Una de las cuestiones que podemos apreciar, pero para la que sería importante examinar la sentencia de la primera instancia, es que se dice que no se concreta el tratamiento psicológico, su duración y demás extremos de importancia por lo que, muy probablemente por esta razón, se produjo la absolución de los delitos de lesiones y trato degradante (173 Cp).
El Tribunal Supremo ni entra a valorar posibles dudas respecto a los hechos dada la mala construcción del recurso. En cuando al Derecho sí que aporta lo siguiente:
“Ni siquiera el recurso pone en cuestión que tales hechos sean constitutivos del delito imputado. La minuciosa exposición que la sentencia recurrida hace en su fundamento jurídico sexto hace inútil cualquier cuestionamiento al respecto:
a) No es dudosa que la relación entre denunciante y acusado tiene una naturaleza de trabajo profesional de prestación de servicios que constituyó el contexto o ámbito del comportamiento imputado. Ni siquiera se requiere que el sujeto activo del delito ostente condición alguna de superioridad respecto a la víctima. Lo que el tipo penal protege es el derecho a desempeñar la actividad en un entorno sin riesgo para su intimidad y libertad.
b) El comportamiento típico consiste en una directa e inequívoca solicitud a la víctima de comportamientos cuya administración le corresponde en su autonomía sexual. Es de subrayar que esa solicitud no tiene que ser necesariamente verbalizada, bastando que se exteriorice de manera que así pueda ser entendida por la persona destinataria. Y basta, para que la actitud requirente sea típica, que se produzca no obstante el rechazo del destinatario o destinataria. De tal suerte que el delito se consuma desde su formulación, de cualquiera manera que sea, si le sigue el efecto indicado, pero sin que sea necesario que alcance sus objetivos. Es más, de alcanzarlos, podría dar lugar a responsabilidades de otro tipo penal que, en el caso que juzgamos, han sido excluidas.
c) La víctima pasó a una situación que, más allá de la susceptibilidad subjetiva de ésta, debe objetivamente considerarse no solamente de indudable hostilidad , sino humillante y generadora de temor. Lo primero por la actitud mantenida de descalificación del trabajo de Paula. Lo segundo porque enmarcar la pretensión de actuaciones en lo sexual en el ámbito de una relación de supremacía, con ese acompañamiento de descalificaciones, hiere objetivamente la dignidad de la persona requerida. Y además genera temor por el indudable protagonismo decisivo que puede tener la intervención del requirente en la situación profesional de la requerida, temor, por otra parte, lamentablemente, confirmado más allá de su mera posibilidad. No requiere el tipo penal que la víctima sucumba y padezca más trastornos que la mera ubicación en una situación que merezca aquellas calificaciones. Existe pues responsabilidad penal aunque la entereza de la víctima le permita afrontar sin otros daños la situación indicada. Desde luego no es necesario que como efecto de dicha situación la víctima padezca estrés alguno, por más que en el caso que juzgamos además concurra éste.
d) Tampoco cabe ninguna duda que el temor y la humillación, así como la hostilidad, tuvieronobjetivamente como causa el comportamiento del acusado del que, por ello, cabe predicar la suficiente gravedad como para atribuirle esa eficacia.
La asimetría de la relación entre acusado y víctima se traducía en una indudable superioridad del acusado de la que éste hizo abuso a los fines de favorecer la formulación de sus solicitudes sexuales con pretensión de aceptación por la víctima.
Por todo ello consideramos adecuadamente hecha la calificación de los hechos como constitutivos, al menos, de este delito.”
Interesante y por eso lo añadimos, respecto a la responsabilidad civil (indemnización) y su cuantificación señala:
“Finalmente en el motivo quinto discute el recurrente el importe de la cantidad que se fija en concepto de indemnización.
Insiste el recurrente en negar el hecho que dio lugar a la responsabilidad penal de la que deriva la civil, lo que está vetado en el cauce casacional del artículo 849.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal .
Y niega la existencia de todo perjuicio moral porque, según llega a decir, la víctima es ahora feliz fuera del trabajo profesional del que disfrutaba cuando fue acosada, viviendo en Alemania, siendo su excedencia voluntaria.
2.- Es doctrina jurisprudencial reiterada que el quantum de la indemnización por las responsabilidades civiles ex delicto no pueden ser sometidas a la revisión casacional y sí solo las bases sobre las que opera el juzgador para fijar el monto de esas indemnizaciones ( STS de 14 de diciembre de 20011 resolviendo el recurso 855/2011 ) por tratarse de un criterio valorativo soberano, más que objetivo o reglado, atendiendo a las circunstancias personales, necesidades generadas y daños y perjuicios realmente causados, daño emergente y lucro cesante ( STS 06 de Julio del 2010 resolviendo el recurso 10206/2010 ).
En referencia específica a la determinación de la reparación del daño moral sólo puede ser objeto de control en el recurso de casación cuando resulta manifiestamente arbitraria y objetivamente desproporcionada ( STS de 29 de Marzo del 2011 resolviendo el recurso: 607/2010 . Dicho en palabras de la SSTS 264/2009 de 12 de marzo y 752/2007 de 2 de octubre, no es cuestionable la legitimidad de un método de determinación del daño basado en la estimación ponderada y prudencial, en la comprobación de si la traducción en dinero es o no manifiestamente desproporcionada. Y que procede el mantenimiento del "quantum", en sede casacional, si se constata que la cuantía fijada se adecua razonablemente a los perjuicios ocasionados que se señalan en la Sentencia.
3.- Es obvio que actos como el que se imputan al recurrente producen por su mera existencia un daño moral ínsito en la humillación y el temor que ocasionan. Pero, además, en este caso la sentencia ha declarado concurrente un efecto de estrés en la víctima que no cabe desconocer como precedente fáctico en la determinación de la responsabilidad civil.”
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