viernes, 2 de noviembre de 2012

El papel de la inspección de trabajo en la evaluación de riesgos psicosociales


riesgos psicosociales
Inspección de trabajo y evaluación de riesgos psicosociales


Avances y resistencias desde una perspectiva Europea
Anuario internacional 2012, sobre prevención de riesgos psicosociales y calidad de vida en el trabajo
 La inspección de trabajo en la evaluación de riesgos psicosociales: mobbing, acoso laboral, sindrome de quemado.
Conforme a la ordenación clásica de la OIT, la inspección del trabajo es una parte vital del gobierno de las relaciones de trabajo, con funciones básicamente de protección y de vigilancia, pero también de consulta y asesoramiento. Hoy en día, es imposible hablar de buen gobierno y de políticas de trabajo coherentes y eficaces sin una inspección laboral capaz de afrontar los muchos y complicados retos de unas relaciones de trabajo y de un mercado laboral cambiantes, que están experimentando dificultades crecientes. La Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo en su 100ª reunión, en junio 2011, ratificó que la inspección del trabajo es una institución nuclear para la “buena gobernanza” al servicio de los fines de la OIT y que son esenciales para lograr los objetivos del Trabajo Decente, de modo que se promueva la observación y el respeto de la legislación laboral en todas sus dimensiones y hacerla aplicar, y proteger los derechos de los trabajadores. En este contexto es fundamental contar, como señalan los Convenios de gobernanza de la OIT, con sistemas de inspección dotados convenientemente, tanto de “recursos personales” - personas bien seleccionadas y formadas que garanticen la excelencia de los que prestan el servicio y que puedan desarrollar inspecciones eficaces- cuanto de “recursos materiales” adecuados.
Por supuesto que esta visión de control institucional en nada se opone, más bien todo lo contrario, a la reivindicación y garantía del protagonismo de los gobiernos autónomos de relaciones de trabajo, a través de la acción y acuerdos entre los interlocutores sociales. Una de las funciones básicas de la inspección de trabajo ha sido, y debe seguir siendo, precisamente, la protección efectiva de los derechos colectivos, además de los individuales claro, de los trabajadores y sus organizaciones. Del mismo modo que una de las más relevantes claves de la evolución de los sistemas de inspección de trabajo y sus formas de actuación ha residido en el reforzamiento, conforme al enfoque del diálogo social asentado en los genes de funcionamiento de la OIT, de la cooperación entre los interlocutores sociales, en especial los sindicatos más representativos, y las inspecciones de trabajo, un rasgo señero de los sistemas de inspección europeos especialmente.
Pero nadie puede ignorar que la profunda crisis económico-financiera que padecemos desde hace ya varios, demasiados, años, ha sido igualmente aprovechada, en los diferentes países europeos, incluida España, para debilitar los sistemas de inspección laboral y de seguridad social.
En la última Conferencia Internacional del Trabajo (2011), las Conclusiones de la Discusión General sobre administración e inspección del trabajo hicieron referencia de forma reiterada a la necesidad de una mayor dotación de inspectores (punto 13), de garantizar su estabilidad y de mejorar las condiciones de trabajo (punto 14), y la necesidad de poner a disposición suficientes recursos para formular y ejecutar programas de formación con cargo al presupuesto nacional, destinados a mejorar las calificaciones técnicas, fortalecer la conducta ética, así como garantizar la independencia de los inspectores del trabajo (en los términos del artículo 6 del Convenio núm. 81 de la OIT) (punto 15)1.
Qué duda cabe que tanto las políticas de austeridad absoluta cuanto las de reformas laborales ultra-liberales inciden de modo negativo en la consecución de estos logros, poniéndolos en peligro gravemente, cuando no los hace retroceder Por supuesto no es nuestra intención, ni nuestra misión, aquí entrar en el alcance y manifestaciones de esa progresiva erosión de su función básica, la relativa al control del cumplimiento efectivo de las obligaciones laborales de las empresas, entre las que ocupan un lugar destacado las relativas a la seguridad y salud en el trabajo. En estas páginas lo que pretendemos es evidenciar, una vez más, que, al revés, la crisis económica debe proporcionar una razón adicional para reforzar la labor de las inspecciones nacionales de trabajo, tanto en los planos estatal como regional, así como redoblar los esfuerzos por establecer nuevos métodos de colaboración y sistemas de apoyo mutuo. En nuestro entendimiento, la crisis es una buena oportunidad para desarrollar, a ser posible, dado que nos hallamos en un escenario económico y social globalizado, bajo el impulso y la coordinación de toda Europa, incluso mundial, nuevas estrategias de acción, mucho más creativas y eficaces, esto es, proactivas, que les proporcionen las orientaciones y herramientas adecuadas para seguir desplegando, e incluso reforzar, un papel clave en la protección de los trabajadores.
Desde esta perspectiva, aunque las inspecciones de trabajo en Europa, al menos la de los países más desarrollados social y económicamente, cuentan con una larga trayectoria, de más luces que sombras, evidenciando una sustancial continuidad, sería un craso error pensar que una institución tan consolidada ha alcanzado un grado razonable de satisfacción, de eficacia. Al contrario, queda mucho por hacer a fin de lograr una inspección de trabajo eficaz2, de manera que el sistema en el que trabajan debe adaptarse a una realidad, a un mundo del trabajo no ya sólo en constante evolución, sino también en permanente amenaza en la estabilidad de sus valores y derechos básicos, según evidencian las últimas reformas laborales en toda Europa, y muy especialmente en España.



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