viernes, 24 de octubre de 2014

El comportamiento tóxico en la Administración Pública Española



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El comportamiento tóxico en la Administración Pública Española
Reflexión previa
Se atribuye a William Faulkner haber dicho con ironía que se puede confiar en las malas personas porque no cambian jamás. En estos tiempos en que se encuentra de plena actualidad el análisis jurídico, sociológico y psiquiátrico de fenómenos laborales como el acoso laboral, el abuso del poder de dirección o el síndrome de estar quemado ¿qué cabe decir de aquellas situaciones en las que, sencillamente, coincidimos con una mala persona que ejerce como tal, ya sea un compañero de trabajo o, peor aún, un jefe?.
Porque las malas personas pueden generar tal malestar a su alrededor que impregnen de negatividad todo lo que el trabajo representa. Y el trabajo, en cualquiera de sus modalidades, es parte imprescindible e inescindible del desarrollo completo y equilibrado del ser humano, por lo que la convivencia al lado o bajo la dirección de una mala persona puede ser una experiencia muy perturbadora para el equilibrio y la armonía interior de los que le rodean, sin que, como más adelante se examina, esa conducta tenga por qué reunir los requisitos necesarios para poder ser considerada acoso laboral según los criterios legales y jurisprudenciales vigentes en nuestro país.
Por esta razón lo que aquí pretende analizarse es ese comportamiento negativo y dañoso que no tiene por qué ir seguido de una situación de acoso laboral, aunque pueda precederlo, comportamiento tóxico que no por ello deja de ser rechazable y perseguible en tanto que perverso para las personas, para las organizaciones y para las instituciones.